Un estudio internacional analizó los materiales impermeabilizantes del pecio Ilovik–Paržine 1 y encontró evidencias de que la embarcación fue reparada en distintas zonas del Adriático. El hallazgo aporta nuevas claves sobre las técnicas navales antiguas y la circulación marítima en el Mediterráneo.
Un equipo de investigadores de Francia y Croacia identificó que un barco de la República romana, hundido hace aproximadamente 2.200 años frente a la actual costa croata, fue reparado en varias ocasiones a lo largo de su vida útil. El hallazgo surge del análisis del revestimiento protector del pecio Ilovik–Paržine 1, cuyos materiales conservaron rastros que permiten reconstruir parte de su historia operativa.
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Materials, se centró en los compuestos orgánicos utilizados para impermeabilizar la embarcación, un aspecto históricamente poco explorado en la arqueología naval. A partir de técnicas moleculares y del análisis de polen, los investigadores lograron identificar tanto los materiales empleados como los entornos geográficos vinculados a su aplicación.
Los resultados muestran que el recubrimiento del barco estaba compuesto principalmente por brea de pino, aunque en algunas capas se detectó una mezcla de alquitrán de coníferas con cera de abejas, conocida en la antigüedad como zopissa. Esta combinación mejoraba la flexibilidad del material y facilitaba su uso en condiciones de calor, lo que evidencia un conocimiento técnico avanzado por parte de los constructores navales de la época.
El análisis del polen atrapado en estas capas permitió identificar una diversidad de paisajes, incluyendo zonas costeras mediterráneas con encinas, pinos, olivos y avellanos, así como vegetación asociada a riberas y regiones montañosas del noreste del Adriático, especialmente en áreas cercanas a Istria y Dalmacia. Esta variedad sugiere que los materiales fueron aplicados en distintos puntos geográficos, lo que refuerza la hipótesis de múltiples intervenciones de reparación.

Los investigadores determinaron que el barco habría recibido entre cuatro y cinco capas de recubrimiento. Mientras que la popa y la sección central presentan materiales homogéneos, la proa muestra tres capas diferenciadas, lo que indica intervenciones sucesivas con recursos posiblemente provenientes de distintas regiones del Mediterráneo.
Estudios previos habían vinculado la construcción del barco con Brundisium, actual Brindisi, en Italia. El nuevo análisis confirma que parte del revestimiento pudo haberse aplicado en esa zona, aunque otras capas habrían sido incorporadas en la costa nororiental del Adriático, donde finalmente se hundió la embarcación.
Este trabajo aporta evidencia concreta sobre las prácticas de mantenimiento en la navegación antigua, un aspecto difícil de documentar hasta ahora. Además, destaca el valor de los materiales orgánicos como fuente de información sobre las tecnologías navales y las rutas de interacción en el Mediterráneo antiguo.
Fuente: 20 Minutos / estudio publicado en Frontiers in Materials




