Un padre que perdió todo ofrece su tractor a víctimas de un incendio

Un padre que perdió todo ofrece su tractor a víctimas de un incendio

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Un padre soltero de Muć, una localidad situada en el interior de Split, en el sur de Croacia, ha decidido ofrecer su tractor, su remolque y su fresadora a las personas que perdieron sus bienes en el devastador incendio que afectó Omiš, una ciudad de la costa croata del mar Adriático.

Zdravko Jeličić, que vive modestamente y se gana la vida cultivando la tierra, quiere ayudar a quien más lo necesite, aunque para él desprenderse del tractor supone un gran sacrificio.

“Si alguien de Omiš se pone en contacto conmigo y lo necesita, le daré el tractor. También el remolque y la fresadora”, declaró al diario 24sata.

Muć es una localidad del interior de Split, situada a unos 27 kilómetros de la ciudad. Zdravko no tiene automóvil y suele transportar en autobús hasta Split los alimentos que cultiva en su finca para repartirlos entre personas que los necesitan.

“Si tuviera euros, donaría euros. No puedo donar otra cosa, así que decidí dar el tractor”, afirma Zdravko.

En Omiš el incendio arrasó unas 1.000 hectáreas y destruyó viviendas, vehículos y otras instalaciones. Una persona murió y 38 resultaron heridas. Diez de los heridos tuvieron que ser hospitalizados.

Precisamente a las personas afectadas por el incendio es a quienes Jeličić quiere ayudar ahora. Llamó al número de emergencias 112, dejó sus datos y espera que las autoridades le indiquen quién necesita más su tractor.

“Anotaron mi nombre y apellido y ellos decidirán quién lo necesita. Si alguien lo necesita, se pondrán en contacto conmigo”, dijo.

Jeličić asegura que compró el tractor hace muchos años. Podría venderlo, pero considera que será más útil para alguien que lo haya perdido todo en el incendio.

El jueves también donó 600 kilos de patatas a la Cruz Roja. Como no tiene automóvil, les pidió que fueran hasta su finca para recoger la donación.

Desde hace dos años, Jeličić comparte prácticamente todo lo que produce en su finca con personas que lo necesitan. No vende las patatas, las acelgas, los huevos, las cebollas ni los tomates que cultiva.

Su decisión de ayudar a los demás adquiere todavía más peso por todo lo que él mismo ha vivido.

Hace seis años, Zdravko perdió a su esposa, que murió en un accidente de tráfico cuando regresaba del trabajo. Su hija había comenzado el primer curso de primaria apenas unas semanas antes.

“Un joven en una motocicleta la atropelló cuando regresaba del trabajo. Ese año, apenas unas semanas antes del accidente, mi hija había empezado el primer curso. No fue fácil para mí en ese período”, relató.

Después de la muerte de su esposa, Zdravko vivió otros cuatro años con su hija en Split, como inquilinos. Intentó seguir adelante por ella, pero le resultaba difícil permanecer en una ciudad en la que tenía que pasar todos los días por el lugar donde su esposa había perdido la vida.

“Ya no podía seguir allí, viviendo así y viendo cada día el lugar donde mi esposa perdió la vida. Decidí regresar al campo porque aquí también está mi madre, de quien tengo que cuidar”, explicó.

Al regresar al campo encontró una nueva forma de seguir adelante. En su finca comenzó a producir alimentos y a ayudar a las personas que los necesitan.

El año pasado, según cuenta, repartió más de 900 kilos de acelgas y este año ya ha distribuido más de 1,5 toneladas de patatas. También ha repartido unos 2.500 huevos. Cuando no tenía suficientes de sus propias gallinas, compraba huevos a sus vecinos para poder seguir donándolos, principalmente a jubilados.

“Cavo, planto, cosecho, empaqueto y llevo todo. Es el fruto de mi trabajo. Nunca le he pedido dinero a nadie”, afirma.

Para su cumpleaños, el 18 de agosto, viajó en autobús a Split y llevó consigo 80 kilos de patatas, que repartió entre la gente.

Dice que le afecta especialmente ver a personas que no tienen suficiente dinero ni siquiera para comprar alimentos básicos.

“Veo a una mujer en el mercado. Compra dos tomates y una cebolla. La gente no tiene dinero y compra con mucho cuidado porque no puede permitirse más. Por eso doy lo que tengo. Soy pobre y vivo con dificultades. Todo lo que produzco lo reparto. Así lo he decidido”, dijo.

Este año, además, la gran sequía le ha dificultado todavía más su labor. Durante tres meses no llovió, las acelgas se echaron a perder y las gallinas ponen menos huevos debido a las altas temperaturas.

A pesar de todo, no ha dejado de ayudar.

“Esto me hace feliz. Mi corazón se llena cuando reparto cada uno de los productos que he producido”, afirma.

FOTO: 24sata

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Miho Dobrašin

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