El reconocido periodista deportivo de Córdoba, Argentina, ha construido una trayectoria ligada a las grandes coberturas internacionales, pero también mantiene un vínculo personal con Croacia, país de origen de sus antepasados. Entre la pasión por la selección argentina y el orgullo por sus raíces croatas, su historia refleja una forma particular de vivir el fútbol y la identidad de la diáspora.
Para Federico Jelic, cada Copa del Mundo representa mucho más que una cobertura periodística. El periodista cordobés, conocido por su trabajo en distintos medios de comunicación de Córdoba, Argentina, ha seguido de cerca algunos de los acontecimientos más importantes del deporte internacional. Sin embargo, cuando juega Croacia, la experiencia adquiere una dimensión especial.
Una identidad croata que nació en la familia
La herencia croata ocupó un lugar central en su vida desde la infancia. Creció escuchando hablar de Croacia en una época en la que el país todavía formaba parte de Yugoslavia, una realidad que para muchos descendientes de inmigrantes croatas en América Latina generaba una dualidad identitaria. Mientras el Estado reconocido internacionalmente era Yugoslavia, dentro de numerosas familias seguía viva una fuerte conciencia de pertenencia croata, transmitida de generación en generación.
“Yo era chico y escuchaba la palabra Croacia, pero Croacia estaba dentro de Yugoslavia. En definitiva, yo me sentía yugoslavo, pero mi abuelo decía que era más croata que yugoslavo. Lo veía vestido con el escudo cuadriculado y siempre hablaba de Croacia”, recuerda.
La aparente contradicción tenía una explicación sencilla: para un niño, Yugoslavia era el país que aparecía en los mapas, en los medios y en las competencias deportivas internacionales. Sin embargo, para muchos inmigrantes y sus descendientes, la identidad nacional seguía estando ligada a Croacia. Esa convivencia entre ambas referencias marcó la infancia de Jelic.
Mientras para el resto del mundo explicaba que sus raíces provenían de Yugoslavia, en el ámbito familiar la identidad croata estaba siempre presente. Durante el Mundial de Italia 1990 alentó a la selección yugoslava, “Mi abuelo me miraba con recelo un poquito, y yo estaba confundido” en gran parte porque en el álbum de figuritas del torneo aparecía Yugoslavia y no Croacia. “Mi papá me explicaba que Croacia era una provincia de Yugoslavia, la más importante, y yo decía: soy croata, soy croata”, recuerda. Con el paso de los años y la independencia croata, aquella identidad terminó de consolidarse. “Siempre fui más croata que yugoslavo”, afirma.
Tradiciones que siguen vivas
Las costumbres familiares también ayudaron a mantener vivo el vínculo con la tierra de sus antepasados. Entre ellas destaca la gastronomía y algunas tradiciones que todavía conserva.
“La tradición que tenemos es el chucrut, por supuesto, y tomar un poquito de rakija. Mi abuelo solía hacerla. De chico no me gustaba la grapa, pero ahora cada vez que viajo a Croacia y me encuentro con algún familiar, siempre aparece la rakija y el brindis diciendo ‘Živjeli’ “, señala.
Cuatro Mundiales y una pasión compartida
La Copa Mundial de la FIFA 2026 será la cuarta cobertura mundialista de su carrera. Después de haber trabajado en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022, Jelic asegura que lo que más disfruta de cada torneo es el encuentro con personas de distintas culturas.
“Me encanta encontrarme con paisanos y con gente de todo el mundo. Me apasionan la cultura, la historia y la geografía. Tengo amigos e hinchas de Sudáfrica, Ghana, Túnez, Arabia Saudita, Croacia, Rumania, Suiza y muchos otros países”, explica.
Sin embargo, reconoce que Croacia siempre ocupa un lugar especial en esas experiencias. En Rusia 2018 vivió de cerca la histórica campaña que llevó a los Vatreni hasta la final del torneo.
“Pude disfrutar la final de Rusia 2018 casi como propia. Fue un gran sueño, aunque Argentina no llegó. Después vino el tercer puesto en Qatar 2022”, recuerda. La semifinal entre Argentina y Croacia en Qatar le generó sentimientos encontrados. “Se me dividió un poquito el corazón, pero iba por Argentina”, admite.
Sin embargo, la posterior victoria croata sobre Marruecos por el tercer puesto tuvo para él un significado muy personal. “Cuando Croacia le ganó a Marruecos sentí un reencuentro con mi papá, Emilio Rubito Jelic. Y después llegó la final con Argentina campeón del mundo. Fue como cerrar un ciclo: Croacia tercera y Argentina campeona”, afirma.

Aquella situación despertó el interés de numerosos medios de comunicación, que destacaron su doble vínculo emocional con ambas selecciones. “Me hacían notas en todos lados como el croata argentino, el argentino que tiene a Croacia como segundo equipo. Me siento muy representado por eso”, comenta.
El Mundial 2026 y un nuevo encuentro con sus raíces


Para esta nueva edición de la Copa del Mundo, Jelic volverá a recorrer distintas ciudades de Estados Unidos siguiendo el torneo. Uno de los momentos que espera con mayor entusiasmo será el debut croata frente a Inglaterra en Dallas.
“Voy a Dallas a ver Inglaterra-Croacia únicamente para encontrarme con mis paisanos croatas. Estoy feliz por eso”, asegura.
Respecto al rendimiento de las selecciones, considera que Argentina llega con mayores obligaciones por ser la vigente campeona del mundo.
“Imagino una Argentina más protagonista porque defiende el título. Aunque muchas veces los campeones tienen un bajón en el Mundial siguiente, creo que sigue siendo una de las grandes candidatas”, analiza.
Sobre Croacia, reconoce que atraviesa una etapa de transición generacional, aunque mantiene la confianza en su capacidad competitiva. “Creo que tiene jugadores más grandes y que la renovación no ha sido tan profunda, pero igual le auguro llegar a octavos o cuartos de final. La experiencia sigue siendo una fortaleza importante”, sostiene.
Y como buen amante del fútbol y de sus dos selecciones, no descarta un escenario soñado: “¿Por qué no soñar con que Argentina y Croacia se encuentren en la final?”
Más allá de los resultados deportivos, la historia de Federico Jelic refleja la experiencia de muchas familias de la diáspora croata en América Latina. Para varias generaciones de descendientes, la identidad croata se mantuvo viva a través de la memoria familiar, las costumbres y el vínculo con la tierra de origen de sus antepasados. En el caso de Jelic, esa herencia se expresó en los relatos de sus abuelos, en las tradiciones cotidianas y en una pasión futbolera que hoy le permite sentirse representado tanto por Argentina como por la tierra de origen de sus antepasados.
Fuentes: Entrevista de CroLatam, Infobae y Radio Mitre Córdoba.








