Leonides Mena Medina: del tatami a las calles de Madrid

Leonides Mena Medina: del tatami a las calles de Madrid

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Mientras el tráfico de la tarde alcanza su punto máximo en Madrid, Leonides Mena Medina se abre paso con habilidad entre los coches de la carretera. El cubano, de 46 años, acelera con su motocicleta para llegar a tiempo a sus destinos con los pedidos de pizza de la pizzería croata Dos Amigos, donde trabaja desde 2015.

Cada semana recorre alrededor de 500 kilómetros. Cuántos ha acumulado desde que llegó a Madrid, ni siquiera él lo sabe.

Pero cuando la ciudad finalmente queda en silencio, Leonides regresa a su pequeño apartamento alquilado. Cierra los ojos y las imágenes del pasado vuelven a aparecer.

Siempre el mismo sueño: viste un kimono, está frente a un público expectante y siente que le falta el aire bajo el peso de su rival. Sin embargo, consigue derribarlo con una hábil técnica. En el instante en que el árbitro levanta su brazo señalando la victoria, se despierta con el corazón latiendo con fuerza.

“Sigo soñando con ir a los Juegos Olímpicos”, dice el ex campeón cubano de judo.

Su vida cambió para siempre hace más de dos décadas, pocos meses antes de intentar clasificarse para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Tenía ocho años cuando su padre lo llevó por primera vez a un gimnasio de judo en Santiago de Cuba. Bajo la imagen de un león pintado en la pared, jóvenes cubanos entrenaban con kimono soñando con representar a su país. Su objetivo era vencer a los estadounidenses.

Leonides, cuyo nombre recuerda al rey espartano Leónidas, consiguió su primer gran resultado a los 14 años, cuando ganó la medalla de plata en los Juegos Nacionales Escolares. Fue su primer trofeo importante, ya que hasta entonces los premios eran principalmente diplomas.

Dos años después ganó el oro y fue trasladado al centro deportivo de La Habana donde se reunían los mejores talentos del país. A los 17 años se proclamó campeón de Cuba en la categoría juvenil de hasta 56 kilos y, un año más tarde, conquistó los Juegos Panamericanos y posteriormente los Juegos Centroamericanos. A los 19 años se convirtió en campeón absoluto de Cuba.

“Sentía que podía conseguirlo todo, que iba a hacer algo grande”, recuerda.

En 1998, el año de sus mayores éxitos deportivos, durante una concentración en México vio cómo Croacia conquistaba la medalla de bronce en el Mundial de fútbol de Francia.

“Para nosotros Croacia era una gran potencia futbolística, no un pequeño país europeo”, dice.

Un año después conoció Europa por primera vez, tras conseguir la medalla de bronce en un torneo celebrado en Austria.

“Era como estar en otro planeta. Todo estaba organizado de una manera fantástica”, recuerda.

En Cuba, los deportistas de élite tenían una situación económica mejor que la mayoría de la población. Como miembro de la selección nacional, Leonides ganaba en el año 2.000 unos 22 dólares mensuales, mientras que otros ciudadanos recibían alrededor de 15.

Sin embargo, los problemas con el peso comenzaron a complicar su carrera. Sus entrenadores querían mantenerlo en una categoría inferior a los 60 kilos, pero su cuerpo ya no se lo permitía. Cada vez que superaba ese límite era suspendido, expulsado del centro deportivo y enviado de vuelta a casa.

“Me agotaron las discusiones constantes sobre el peso. De repente empecé a sentirme cansado y viejo”, dice.

En 2003 decidió escapar de Cuba.

“Nadie sabía lo que iba a hacer, ni siquiera mi familia. Si te descubrían, quedabas suspendido de por vida. Simplemente desaparecías”, cuenta.

En Madrid, donde se entrenaba con la selección cubana, vivía un antiguo compañero que había escapado cinco años antes. Una noche, con miedo e incertidumbre, Leonides salió en secreto del hotel y se dirigió a una calle alejada donde esperaba encontrarse con su amigo.

También escapó con él su novia, que por entonces entrenaba con el equipo femenino cubano en las afueras de Madrid.

Nunca volvió a ver a su familia ni a Cuba.

En España solicitó asilo y vivió en un centro de acogida con una ayuda mensual de 200 euros. Más tarde consiguió trabajo, pero la crisis económica que golpeó al país en 2010 volvió a cambiar su vida. Perdió el empleo, quedó en la calle y también terminó su relación sentimental.

“Practicar deporte me ayudó psicológicamente a sobrevivir”, dice Leonides al recordar aquella difícil etapa.

“En Cuba dejé todo: mi familia, el deporte, la universidad… mi vida. Si pudiera volver atrás, no haría lo mismo.”

A través de un amigo judoca supo que una pizzería croata de Madrid buscaba un trabajador. En Dos Amigos lo recibieron con los brazos abiertos y le dieron una oportunidad laboral. Leonides volvió a sentirse útil.

“Quizá no me equivoqué del todo”, dice mientras se sube a la motocicleta.

Ivica Čvek, propietario de la pizzería Dos Amigos y natural de Zagreb, destaca la importancia de contar con Leonides en el equipo.

“Estamos orgullosos de él. Es una persona extremadamente honesta y trabajadora. Se nota que es un deportista”, afirma Čvek.

Dos Amigos, situada en la zona centro de Madrid, es un establecimiento croata que en el pasado recibió la visita de Real Madrid TV y de varias emisoras de radio, que realizaron conexiones en directo desde el local durante las retransmisiones de los partidos de la selección croata de fútbol en la Eurocopa.

Allí los españoles ven partidos de fútbol mientras leen en las paredes palabras en croata y aprenden expresiones de ese idioma.

La historia de Leonides Mena Medina es la de un deportista que perdió el escenario olímpico que había soñado, pero que encontró una nueva oportunidad lejos de su país.

Hoy, sus días transcurren entre las calles de Madrid y la pizzería Dos Amigos. Ya no viste un kimono para competir ni escucha el ruido de un pabellón antes de un combate. Ahora conduce una motocicleta para entregar pizzas, pero conserva la disciplina y la mentalidad que adquirió como deportista de alto nivel.

Leonides en la pizzeria “Dos Amigos” en Madrid

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Miho Dobrašin

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