“Espero que Panamá avance a la siguiente ronda, pero si eso no ocurre, al menos podré ver en vivo a Luka Modrić”, dice Carlos Ortega mientras un gigantesco buque con miles de contenedores atraviesa lentamente el Canal de Panamá.
Ortega, un trabajador de 45 años del canal, tuvo que esforzarse mucho para conseguir una entrada para el partido del Mundial entre Panamá y Croacia. Viajará solo a Toronto porque sus amigos no pueden permitirse el viaje a Canadá.
“Para mí el fútbol es una pasión, y hoy esa pasión es muy cara”, comenta.
Bajo un sol abrasador explica que los cuatro millones de habitantes de Panamá conocen a Croacia por sus magníficos futbolistas, pero que su propia selección también está muy motivada y bien dirigida.
“Queremos competir y dejar una buena imagen”, subraya.
Los futbolistas panameños son conocidos como “Los Canaleros” por el canal que atraviesa este estrecho país centroamericano, conectando el océano Pacífico con el Atlántico. Por allí pasa el cinco por ciento del comercio marítimo mundial.
Panamá participa por segunda vez en una Copa del Mundo tras su debut en 2018, cuando perdió en la fase de grupos ante Inglaterra, Bélgica y Túnez.
Sin embargo, desde que hace seis años Thomas Christiansen, exentrenador del Union Saint-Gilloise de Bélgica y del Leeds, asumió el cargo de seleccionador, el equipo ha ascendido del puesto 78 al 40 en la clasificación de la FIFA.
Por toda Ciudad de Panamá, la capital, los transeúntes caminan con las camisetas rojas de la selección nacional.
A la entrada del edificio de la Federación Panameña de Fútbol se puede leer: “Empieza haciendo lo necesario, después lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible”.
Son palabras alentadoras en un momento en que los futbolistas intentan conseguir su primer punto y quizá también su primera victoria en una Copa del Mundo.
“Estamos jugando cada vez mejor”, señala Pedro Vita, funcionario de la federación, mientras nos muestra la sede inaugurada en 2013. Habla con orgullo de cómo Brasil, cinco veces campeón del mundo, recibió a Panamá en el mítico Maracaná para un amistoso preparatorio antes del Mundial.
Vita es argentino, uno de los muchos sudamericanos que trabajan en Panamá para elevar el nivel del fútbol. En la sede de la federación se está celebrando precisamente un seminario para árbitros. En la planta superior se encuentra el departamento de comunicación, desde donde se emiten comunicados sobre las actividades de la selección.
“La infraestructura seguirá creciendo en los próximos años”, explica Vita desde una terraza con vistas a los campos auxiliares.
Frente al edificio de la federación se encuentra el moderno estadio nacional Rommel Fernández Gutiérrez, con capacidad para 25.000 espectadores y bautizado en honor a un antiguo futbolista panameño. Sin embargo, es solo uno de los dos estadios con césped natural en todo el país.
“Aquí hace mucho calor y hay mucha humedad durante todo el año, por lo que es difícil mantener el césped. Por eso todos los demás estadios tienen superficie sintética”, explica el funcionario.
El periodista Hernán Rivadeneyra Bustos tenía 23 años cuando llegó a Panamá desde su Ecuador natal en 1982. En aquella época, el fútbol en Panamá era practicado principalmente por inmigrantes de Chile, Brasil y Argentina.
“Ellos popularizaron el fútbol aquí”, explica el reportero de Radio Red y Televisión Hispania Media.
Hoy en día, el fútbol es el deporte más practicado en Panamá, aunque los aficionados son más apasionados cuando se trata del béisbol, el deporte culturalmente más popular del país.
“Los equipos de béisbol representan a las regiones, por lo que la gente se identifica con ellos. En el fútbol de clubes eso no ocurre”, afirma Bustos.
“Pero el estadio se llena cuando juega la selección panameña porque la gente sí se identifica con ella”, añade.
La primera liga de fútbol se fundó en 1988 con seis clubes y posteriormente se expandió. En los últimos años ha dominado Plaza Amador, club que lleva el nombre de un barrio humilde de Ciudad de Panamá.
Alrededor de 1.500 espectadores se reunieron en marzo para el clásico contra San Francisco. Plaza Amador, donde juegan el extremo internacional Alberto Quintero y el lateral izquierdo Eric Davis, perdía 0-1 mientras desde la única grada principal los aficionados coreaban “Vamos Plaza, Vamos Plaza” acompañados de tambores y otros instrumentos.
Sus futbolistas remontaron el marcador y en el tiempo añadido lograron una victoria por 2-1. Al final, Plaza Amador defendió el título y levantó el trofeo por tercera vez consecutiva.
“Lo disfruto muchísimo”, dice Gian Castillero, director general de Plaza Amador, de 23 años. Creció en el club porque en 2009 su padre y varios amigos empresarios asumieron su gestión. Según cuenta, evitaron la desaparición de una entidad que atravesaba una grave crisis financiera.
Estos empresarios trasladaron a Plaza Amador desde el barrio popular a otra zona de la ciudad, a un terreno prácticamente vacío. Allí construyeron un estadio, un centro comercial y un banco. La idea es que los visitantes compren una entrada a un precio asequible y luego gasten algo de dinero en los demás servicios.
Castillero explica que el club es también un proyecto social para que los niños aprendan valores desde pequeños y lleven una vida saludable. El primer equipo cuenta con un solo extranjero, un ecuatoriano, para dar más oportunidades a los panameños, aunque la preparación física está a cargo del brasileño Natanael Noronha, de 34 años.
“El fútbol en Panamá está mejorando constantemente y los jugadores se desarrollan muy bien”, señala el preparador físico mientras los futbolistas realizan el calentamiento.
Panamá ha ocupado el lugar que hasta hace poco correspondía a Costa Rica como la selección más dominante de Centroamérica. Alcanzar los cuartos de final de la Copa América 2024 demostró que se está trabajando bien. En el Mundial quieren superar también los resultados de sus vecinos caribeños, Haití y Curazao.
En un café junto al estadio de Plaza Amador, un grupo de personas sigue los partidos en pantallas gigantes. Algunos ven béisbol y otros fútbol. Para Rubén Grimaldo, un joven de 28 años del barrio cercano, la prioridad son los futbolistas de la selección en el Mundial.
“Me gustaría que avanzaran a la siguiente ronda, pero incluso conseguir un punto en una Copa del Mundo sería histórico”, dice vestido con la camiseta de la selección.
“Pero contra Croacia será difícil, teniendo en cuenta sus resultados en los dos últimos Mundiales”.
Croacia ganó la medalla de bronce en 2022 y la de plata en 2018.



















