La bomba croata vigila sobre Punta Arenas

La bomba croata vigila sobre Punta Arenas

Comment Icon0 Comentarios
Reading Time Icon5 min read

La sociedad de bomberos voluntarios “Bomba Croata”, fundada por inmigrantes croatas en la ciudad chilena de Punta Arenas hace 124 años, ha abierto sus puertas a los ciudadanos con la esperanza de que se unan a ella.

“Los ciudadanos vienen a ver las instalaciones, los camiones, el museo y conocer el trabajo que realizamos”, dijo el director de la sociedad Jonathan Garay, en la emisora local Radio Polar.

En Punta Arenas, en el sur de Chile, viven 145.000 habitantes y allí existen un total de once diferentes sociedades de bomberos.

Sin embargo, solo la “4.ª sociedad de bomberos Bomba Croata” no participa con agua.

“A diferencia de otras asociaciones de bomberos, nosotros no apagamos el fuego, sino que con hachas y escaleras ayudamos a quienes apagan y rescatamos a los damnificados”, explica Garay.

Cuando el vehículo rojo, con el escudo croata grabado a ambos lados, recorre la ciudad, los habitantes saben que alguien necesita ser rescatado de un edificio o espacio cerrado en llamas.

Punta Arenas fue el principal punto comercial entre el Atlántico y el Pacífico entre los años 1880 y 1914. Los emigrantes croatas llegaban a su puerto desde las costas de Dalmacia en busca de trabajo.

Estos nuevos ganaderos, comerciantes y emprendedores formaron en 1902 una brigada voluntaria para ayudar a los vecinos. Así les agradecieron la hospitalidad en ese país lejano. En la ciudad ya existian tres sociedades de los bomberos y ellos surgieron como la 4.ª sociedad, conocida como la Bomba Croata.

Los bomberos croatas todavía se encuentran allí donde comenzaron a trabajar. En el Barrio Croata, un barrio central de la ciudad, donde se asentaron.

Mientras tanto, han surgido edificios altos, y dado el impacto de los fríos vientos del Antártico, el trabajo para los 58 voluntarios de la Bomba Croata es extremadamente exigente.

“Es físicamente agotador porque con hachas y otras herramientas subimos a alturas”, dice Garay. Sin embargo, la parte más difícil es saber que en ese momento puede haber posibles víctimas allí.

“Cuando recibimos una llamada en la sede, nos preparamos mentalmente para lo que podemos encontrar dentro. No se trata solo de fuego, sino que podría haber niños heridos”, señala Garay.

Es sábado por la noche y Pedro Mimiza, de 31 años, está de guardia nocturna. Con su colega y conductor del camión mira el teléfono móvil. Cuando reciben una llamada de auxilio, avisan a sus compañeros a través de una aplicación.

“Por ahora está tranquilo, pero nunca se sabe”, dice Mimiza a CroLatam.

La última intervención la tuvieron el 23 de marzo cuando se incendió una casa en el sur de la ciudad. El fuego surgió probablemente porque la ropa se prendió debido al exceso de calefacción.

Álvaro Fuentes, un estudiante de medicina y miembro de la brigada croata desde 2019, estaba en su hogar cuando recibió la llamada de Mimiza. Se dirigió al lugar del accidente, subió a un camión de bomberos con quince asientos, se puso el traje de bombero y salió a ayudar a la gente en la casa en llamas.

„Todio salió bien“, explica Fuentes.

Hoy en día no es necesario que un bombero tenga raíces croatas.

“Me uní porque quería ayudar a otros, sin esperar nada a cambio”, dice Fuentes. “Dado que tenía una relación cercana con una familia croata, quería estar precisamente en Bomba Croata”.

Mimiza entró a la brigada por primera vez con apenas 10 años porque siempre le habían gustado los bomberos. Entonces existía una escuela para niños, y uno podía convertirse en bombero a los 16 años, y no a los 18 como hoy.

“La escuela de bomberos se realizaba los fines de semana y debías tener buenas calificaciones en la escuela primaria y secundaria para poder asistir al curso”, recuerda Mimiza. Hoy ya no existe la “brigada infantil”, lo que pone en peligro el futuro de esta sociedad.

En enero la Bomba Croata abrió las puertas para que los cuidadanos conozcan su labor.

La brigada tiene una unidad médica especial en la que hay un psicólogo. Trabaja con las familias, sus propiedades, pero también con las mascotas. Un grupo se ha especializado en el rescate de animales, por lo que cuenta con un médico que interviene antes de llevar al animal al veterinario.

A veces los ciudadanos quedan atrapados en los ascensores, y esos casos en la ciudad los resuelven los bomberos croatas. Durante la construcción de los edificios, se familiarizan con el funcionamiento de los ascensores porque no todos son iguales, lo que les ayuda durante las intervenciones ya que saben cómo abrirlos de antemano.

“El gran desafío es cómo reclutar a los jóvenes. Entre ellos se pierde el interés por el bombero”, señala Mimiza. El se convirtió en bombero en 2003 cuando murió su abuelo, también bombero de raíces croatas, a ahora es el secretario de la Bomba Croata.

El miembro más antiguo actualmente tiene 80 años, y se sale al terreno “mientras el cuerpo lo permita”. Hace poco se unió al grupo Martina, de 18 años, la miembro más joven de la Bomba Croata. Ella es una de las seis mujeres en la brigada.

Las personas interesadas en trabajar deben entregar una carta de motivación y explicar por qué quieren formar parte de la Bomba Croata.

Después de la entrevista, y si son aceptadas, realizan cursos y asisten en el terreno durante un año. Después de eso, literalmente entran en el fuego.

“Trabajamos 365 días al año, 24 horas al día”, señala el director. “Para nosotros no hay Año Nuevo, Navidad, cumpleaños personales… Estamos aquí para proteger a la comunidad”.

Comparte este artículo

Acerca del autor

Miho Dobrašin

Lo más relevante