Los argentinos esperan con entusiasmo la final de la Copa del Mundo frente a España, mientras un ambiente especial se vive en Rosario, la ciudad natal del capitán Lionel Messi.
Situada a 300 kilómetros de Buenos Aires, Rosario es también la ciudad del mítico Tomás Felipe Carlovich, exfutbolista de origen croata conocido como «El Trinche», de quien Diego Maradona llegó a decir que había sido el mejor jugador que había visto. En Rosario nació igualmente el exinternacional Ángel Di María.
“En Argentina nacemos con un balón en los pies”, dice Heldo Milatich, de 57 años, responsable de la metodología y del trabajo con los porteros en la escuela de fútbol ATFA Rosario.
Milatich, cuyo bisabuelo emigró desde la isla croata de Hvar a este país sudamericano, acaba de terminar un entrenamiento. En la escuela todos hablan de la final frente a España.
“El fútbol forma parte de nuestra cultura, de nuestra sociedad; es nuestra vida. Por eso lo vivimos con tanta pasión”, afirma Milatich, que acumula más de treinta años de experiencia en el fútbol argentino.
Los conductores hacen sonar el claxon por las calles de Rosario para anunciar la llegada de la final. En casi cada esquina se venden camisetas de la selección argentina y recuerdos relacionados con el equipo nacional.
“Se percibe en el aire que ha llegado un día especial”, dice Ivana Pečarević, de 40 años, representante de la Asociación Cultural Croata de Rosario.
Las calles aún vibran tras la ajustada victoria por 2-1 sobre Inglaterra en las semifinales. En esta ciudad de algo más de un millón de habitantes se calcula que alrededor de 400.000 personas salieron a celebrarlo.
“Fue el partido más importante, el que no se podía perder”, explica Pečarević.
Los argentinos llevaban mucho tiempo esperando el encuentro contra Inglaterra. Ese partido fue el más esperado, el que más mirado y el que más temido.
La guerra de 1982 por las islas Malvinas sigue profundamente grabada en la memoria y en el alma de los argentinos. El fútbol, igual que ocurrió en 1986 en tiempos de Maradona, representa una forma de responder simbólicamente a aquella dolorosa derrota y de recuperar el orgullo en medio de un conflicto político que aún permanece abierto.
“Ahora nos espera la final, pero para muchos, entre los que me incluyo, no es lo más importante. Será fantástico si Argentina gana, pero nuestra mayor satisfacción ya fue derrotar a Inglaterra y eliminarla del torneo”, afirma Pečarević, nacida en Argentina, donde se instaló su padre tras emigrar desde la isla croata de Vis.
En Argentina viven alrededor de 300.000 croatas y descendientes de croatas.
En la zona sur de Rosario, cerca del estadio del club Central Córdoba, un mural recuerda a Tomás Felipe Carlovich.
El antiguo futbolista, alto, delgado y con bigote, falleció en 2020 a los 74 años después de sufrir un grave traumatismo craneoencefálico al caer mientras un ladrón le robaba la bicicleta en plena calle. Su muerte conmocionó a la ciudad, donde todavía hoy se cuentan historias de cómo hacía pasar el balón entre las piernas de sus rivales en dos ocasiones consecutivas y, con el dorsal número 5, avanzaba hacia la portería contraria con una elegancia fuera de lo común.
“Era un jugador extraordinario, que entendía el fútbol de una manera diferente”, recuerda Milatich, que lo conoció y coincidió con él en el Central Córdoba.
“Jugaba al fútbol por placer, no como un profesional”.
El Trinche nunca llegó a fichar por un gran club. En realidad, apenas tuvo contacto con la máxima categoría del fútbol argentino y nunca vistió la camiseta de la selección nacional. Sin embargo, con el paso de los años se convirtió en una auténtica leyenda. Figuras como José Pekerman, Marcelo Bielsa y César Luis Menotti coinciden en una misma idea: jamás vieron a un futbolista semejante.
El Trinche jugó en una época en la que no existían retransmisiones televisivas y mucho menos de los clubes locales. Ante la escasez de imágenes, su legado ha sobrevivido gracias a los relatos de quienes tuvieron la fortuna de verlo jugar en directo.
“El mejor jugador que vi fue Carlovich”, declaró Maradona en 1993. El campeón del mundo de 1986 nunca ocultó la admiración que sentía por el rosarino.
Al hijo de emigrantes croatas nunca le interesó la fama. Prefería jugar al fútbol en Rosario, reunirse con sus amigos del barrio, desplazarse en bicicleta y disfrutar de una vida sencilla.
“Para él el fútbol era una pasión, no un trabajo”, afirma Pečarević. “Quizá precisamente por eso nació el mito que lo rodea, y Rosario nunca lo ha olvidado.”
Carlovich alcanzó notoriedad en 1974 cuando formó parte de una selección de futbolistas de Rosario que, ante 35.000 espectadores, se enfrentó a la selección argentina, concentrada en la ciudad para preparar el Mundial de ese año.
Cuenta la historia que, con el marcador de 3-0 al descanso a favor del combinado rosarino, el seleccionador nacional pidió que El Trinche fuera sustituido para evitar que la selección llegara desmoralizada al campeonato.
Aquella anécdota, repetida durante décadas, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más célebres del fútbol argentino y contribuyó a alimentar la leyenda de un jugador cuya grandeza nunca pudo medirse únicamente por los títulos o las estadísticas.
Milatich ha participado en numerosos actos de homenaje dedicados a Carlovich. Su camiseta con el dorsal número 5 ocupa un lugar destacado en el estadio del Central Córdoba.
“Los aficionados lo adoran y le dedican murales. De alguna manera, siempre está presente en los partidos del Central Córdoba”, explica.
En Rosario resulta imposible hablar de fútbol sin mencionar a El Trinche. Su figura forma parte de la identidad de la ciudad tanto como la de Lionel Messi o Ángel Di María, dos campeones del mundo nacidos también entre sus calles.
Los habitantes de Rosario se sienten profundamente orgullosos de sus grandes figuras del fútbol. Poco a poco, Messi, que a sus 39 años se acerca al final de una carrera extraordinaria, también pasará definitivamente a formar parte de la leyenda de la ciudad. Antes de ello, los argentinos confían en verlo levantar un nuevo trofeo de campeón del mundo.
“Los Mundiales son muy importantes para nosotros porque vivimos en una sociedad compleja, marcada por divisiones políticas”, explica Milatich. “Sin embargo, cuando juega la selección nacional estamos unidos. Ella es nuestro orgullo, nuestra bandera. Representa nuestra pasión, nuestro deseo de ganar y la esencia del verdadero fútbol.”
Mientras los aficionados esperan el comienzo de la final frente a España, la ciudad vuelve a latir al ritmo del balón. Los coches recorren las calles haciendo sonar el claxon, las banderas ondean en balcones y plazas, y miles de personas sueñan con celebrar otro título mundial.
Sea cual sea el resultado, Rosario seguirá siendo una de las grandes capitales del fútbol argentino, un lugar donde nacieron algunos de los jugadores más admirados de la historia.


Ivana Pečarević, representante de la Asociación Cultural Croata de Rosario

Mural del mítico Tomás Felipe Carlovich “El Trinche”

Celebración en Rosario después del partido contra Inglaterra

Heldo Miletich en el estadio donde los aficionados exhibieron el número 5, el dorsal que llevaba Carlovich








