Una argentina encontró la calma en Hvar tras dejar Buenos Aires

Una argentina encontró la calma en Hvar tras dejar Buenos Aires

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La argentina Celia encontró en la isla croata de Hvar el lugar donde quería criar a su hija y construir una nueva vida. En una entrevista con LA NACION, contó cómo dejó Buenos Aires, se mudó a Croacia y junto a su marido Marco creó un proyecto gastronómico familiar.

Celia, originaria de Azul, se trasladó a Buenos Aires a los 17 años para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Se graduó en 2005 y durante años desarrolló su carrera profesional en la capital argentina.

El punto de inflexión llegó en 2016, cuando obtuvo una beca del Gobierno de la India y pasó tres meses en ese país. Allí conoció a una joven de Montenegro y, tras regresar a Argentina, decidió viajar a Italia para visitarla.

Durante ese viaje le recomendaron conocer Hvar, donde encontró algo que cambiaría el rumbo de su vida: además de quedar fascinada por la isla, conoció a Marco, un hombre de origen veneciano cuya madre es de Hvar.

Después de ese encuentro comenzó una relación a distancia. Marco y Celia volvieron a encontrarse en Venecia y posteriormente decidieron vivir juntos en Buenos Aires.

La pareja permaneció dos años en la capital argentina. Celia estaba satisfecha con su trabajo, pero el ritmo laboral era intenso y pasaba mucho tiempo fuera de casa. Cuando comenzaron a pensar en formar una familia, surgió una pregunta fundamental: ¿dónde querían criar a sus hijos?

La respuesta los llevó hacia Croacia. Marco siempre había soñado con vivir en Hvar y ambos decidieron intentarlo.

La pandemia retrasó sus planes

El camino hasta la isla no fue sencillo. Primero viajaron a Italia, donde Celia tenía previsto tramitar la ciudadanía gracias a su bisabuelo. Sin embargo, la pandemia de coronavirus alteró sus planes.

La pareja quedó confinada en casa de la madre de Marco. Para Celia fue un período difícil: había pasado de vivir en Argentina, rodeada de su familia y con trabajo, a encontrarse aislada y sin poder trabajar.

Finalmente, cuando llegaron a Hvar, Celia volvió a quedar fascinada por la isla, sus playas, sus bosques y los aromas de romero, pino y lavanda.

La integración también fue facilitada por Marco, que tiene raíces en la isla y era conocido por los habitantes locales.

„Lo que más me llama la atención es que aquí no se habla tanto de política y economía. Se vive de una manera más despreocupada. En Argentina todo son preocupaciones y conversaciones políticas, y aquí entendí hasta qué punto eso afecta a la vida cotidiana“, explicó.

De una noche argentina a un restaurante

Una vez instalados en Hvar, Celia y Marco tuvieron que encontrar una manera de trabajar. Con unos amigos organizaron una „noche argentina“, en la que prepararon chorizos caseros, pan, chimichurri y otros productos típicos de su país.

El evento tuvo una gran acogida entre los locales y los argentinos residentes en Croacia. Poco después recibieron una propuesta para utilizar un espacio en la plaza principal de Hvar.

Así nació „Don Armando“, un restaurante cuyo nombre homenajea a varios miembros de la familia de Celia.

El local abrió sus puertas el 3 de julio de 2021 y apenas 20 días después nació Emma, la primera hija de la pareja.

Celia y Marco se encargaron personalmente de diseñar el restaurante y el menú. Preparan empanadas, salsas, dulce de leche, chocotorta y chorizos, utilizando carne argentina.

„Pasé de la vorágine de Buenos Aires a vivir en una isla con pocos coches, donde en el casco histórico prácticamente todo se hace caminando“, contó Celia.

Un proyecto que se convirtió en negocio familiar

El crecimiento del restaurante estuvo acompañado de dificultades. En 2024, el propietario del local decidió duplicar el alquiler. La pareja encontró otro espacio, pero el dueño cambió de opinión en el último momento.

„De repente teníamos todo el restaurante desmontado y guardado en un apartamento, sin local y sin saber qué hacer. Fue un golpe muy duro. Incluso llegamos a plantearnos dejar Croacia“, recordó.

Sin embargo, poco después surgieron nuevas oportunidades. Abrieron un Don Armando en Stari Grad, comenzaron a ofrecer su propuesta para llevar en Split y posteriormente apareció la posibilidad de gestionar una pizzería en primera línea de la Riva de Hvar.

En ese momento se incorporaron al proyecto los cuatro hermanos de Celia, que viven en Argentina. La familia decidió invertir conjuntamente.

Lo que comenzó como un proyecto de Celia y Marco se convirtió así en un negocio familiar que conecta Argentina y Croacia.

„Quería que nuestra hija creciera en un entorno verde y tranquilo“

Hoy Celia considera que su vida en Hvar respondió a la pregunta que se había planteado antes de formar una familia.

Su hija Emma, de cinco años, crece rodeada de naturaleza y habla español, italiano y croata, cambiando de idioma según la persona con la que conversa.

„Cada vez que la miro siento que aquella pregunta que nos hicimos hace unos años —dónde queremos criar a nuestros hijos— encontró su respuesta“, afirma Celia.

La argentina asegura que la vida en Hvar le enseñó a reducir el ritmo y a escuchar sus propias necesidades.

„Era una loca del trabajo. Fue una etapa que disfruté muchísimo, pero también aprendí a escucharme y a entender que necesitaba cambiar de estilo de vida, en realidad volver a mis raíces. Quería que nuestra hija tuviera la posibilidad de crecer en un entorno verde y tranquilo y jugar con otros niños en la calle“, señaló.

FOTO: LA NACION

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Acerca del autor

Miho Dobrašin

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