Entre los 600 fallecidos y los 3.000 heridos que dejó el devastador terremoto que sacudió Venezuela no hay ciudadanos croatas, aunque una persona sigue desaparecida, informó este viernes la comunidad croata en ese país sudamericano.
En Venezuela viven alrededor de 4.000 croatas y descendientes de croatas. A través de un grupo común de WhatsApp y de las redes sociales intentan averiguar si todos los miembros de la comunidad se encuentran bien y si alguien necesita ayuda después de que numerosos edificios se derrumbaran.
“Si alguien sabe dónde se encuentra Tomas Pribanic, residente del edificio Palafito del Mar, en la urbanización Caribe de Caraballeda, en La Guaira, por favor comuníquelo”, dice un mensaje que circula entre la comunidad. En él figura también un número de teléfono para proporcionar información.
La ciudad costera de La Guaira, cercana a Caracas, es una de las zonas más afectadas.
Veljko Hauptfeld vive en el piso 12 de un edificio del acomodado municipio de Chacao, en el este de Caracas. Eran casi las seis de la tarde cuando se preparaba para ver el partido del Mundial entre Brasil y Escocia.
“De repente entró mi esposa al apartamento y me dijo que habían anunciado un terremoto”, cuenta Hauptfeld a CroLatam. “Apenas terminó de decirlo, todo empezó a temblar”.
Se envió un mensaje de alerta a los teléfonos móviles de los habitantes instándolos a ponerse a salvo. Sin embargo, muchos no llegaron a leerlo antes de verse inmersos en una situación dramática.
“Se cayó el televisor. Poco después empezó a caer todo”, relata Hauptfeld. Cuando la situación se calmó por unos instantes, recogió los documentos, el dinero y lo imprescindible, y salió del apartamento junto con su esposa y su pequeña nieta, aterrorizada. Bajaron por las escaleras, subieron al automóvil y se dirigieron a la casa de su hijo.
“Nos salvamos. Aquí la situación está bastante tranquila”, dijo por teléfono desde esa vivienda, situada en otra zona de Caracas.
En Chacao también se encuentra la Casa Croata, una amplia residencia donde se reúne la comunidad croata. El edificio no sufrió daños importantes.
Sí se registraron daños menores en los apartamentos de algunos miembros de la comunidad. Una familia explica que su apartamento y el edificio quedaron con grietas y fisuras, mientras que los escombros cubrían los alrededores.
“Fue horrible”, afirma Marina Krizmanić, representante de la comunidad croata y directora de su coro.
En el momento del terremoto se encontraba en su apartamento, situado en el octavo piso. Estaba sentada en la cama y contó 56 segundos de temblor continuo.
“Después el movimiento continuó. El edificio se balanceaba y tuve la sensación de que iba a derrumbarse”, recordó.
Más tarde salió del apartamento y, junto con sus vecinos, evaluó la situación. Poco después volvió a sentirse otro fuerte temblor. Krizmanić y los demás abandonaron el edificio. Casi todos pasaron la noche en sus automóviles. Era imposible dormir.
Al día siguiente llegaron los técnicos para inspeccionar el edificio, de unos 40 años de antigüedad.
“Por el momento todo está bien”, dijo Krizmanić desde su apartamento.
Ahora intenta comprobar que todos los miembros de la comunidad croata estén a salvo. Lo mismo hacen otras personas, como Drago Miskiewicz Malvić, encargado de asuntos consulares en Venezuela, quien junto con su esposa trabaja incansablemente para ayudar a la comunidad.
Los croatas comenzaron a emigrar masivamente a Venezuela después de la Segunda Guerra Mundial, enfrentándose a numerosas dificultades.
En los últimos años también han padecido la incertidumbre política, los problemas sociales y las sanciones impuestas al país.
Los croatas de otros países sudamericanos siguen de cerca su situación y están dispuestos a organizar acciones de solidaridad.
El arquitecto Gustavo Glavinich vive en Asunción, capital de Paraguay. Es miembro del Consejo del Gobierno de Croacia para los Croatas en el Exterior, órgano que transmite al Ejecutivo las necesidades de la diáspora. Glavinich es responsable de los croatas residentes en Venezuela, Paraguay y Uruguay.
“Estamos pensando en hacer un llamamiento a los croatas de todo el mundo para que envíen ayuda, pero en este momento existen dificultades en las comunicaciones y daños en los aeropuertos”, explicó.
Hauptfeld regresó a Chacao para ver las consecuencias. Vio tres edificios derrumbados cerca de donde vive.
“Tuvimos suerte porque el nuestro quedó completamente intacto, aunque con daños menores en su interior”, afirma. “Recogimos del suelo las cosas que se habían caído y ahora nos estamos preparando psicológicamente para las nuevas réplicas”.
Krizmanić dice que los equipos de rescate ya se encuentran sobre el terreno.
“Toda la comunidad sigue su labor con gran esperanza”, subraya.








